21 noviembre 2009

Culo roto IV

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Salvada por la grasa.

El médico me dijo que no tenía el coxis roto, pero que me había hecho mucha pupita y que si me volvía a caer seguro que se rompía del todo, así que me prohibió patinar en una temporada.
Yo le dije que sí, que bueno, que vale, porque lo que yo hago no creo que pueda considerarse patinar, lo mires por donde lo mires, sino qué más bien podría definirse como "arrastrarse", "jugar con la muerte" o "tantear el destino".
Durante un par de semanas no me puse los patines, el culo dejó de dolerme y pensé que me había recuperado del todo.
Un fin de semana decidí volver a encaramarme sobre ruedas y me fui a patinar al Retiro.
Era bastante temprano y hacía un frío horroroso, así que había poca gente y me pude dedicar a ir poco a poco: ahora voy hacia delante... ahora freno... ahora hago un limón...
A medida que fui ganando confianza me atreví a dejar el Paseo de Coches, llegué hasta el Ángel Caído y luego seguí hasta el Lago. Empezaba a pensar que la cosa iba muy bien, pero no conté con las hojas: en otoño las hojas se caen al suelo, y si hay algún agujero en el pavimento no lo ves, pero la rueda sí que lo nota.
Me llevé un par de sustos, hasta que al final la rueda se enganchó en una grieta, y de ahí no pasó. En cambio, mi cuerpo sí que pasó rápidamente de la posición vertical a la horizontal.
Tengo que decir en mi defensa que gracias a las enseñanzas jedi del monitor y al intenso entrenamiento conseguí no caerme de culo, pero la leche fue monumental.
Intenté ponerme de pie, pero lo único que conseguí fue quedarme a cuatro patas en mitad del camino. Pensé que iba a tener que volver a casa gateando, pero entonces noté que alguien se acercaba, un viej...anciano.
Va a ayudarme, me dije.
-¿Te has caído? -me preguntó.
-Sí -dije, preparándome para darle las gracias por su amable ayuda.
-Es que los jóvenes de hoy en día ya no saben que inventar. ¡Patines! ¿A quien se le ocurre?
-¿No me va a ayudar?
-¡Y luego dicen que hay crisis! ¿Cómo no va a haber crisis con esta juventud? ¡Menos trabajar lo que sea! ¡Deja de hacer el tonto y ponte hacer algo productivo!
Jo, si estoy haciendo algo productivo...
¡Genero empleo para traumatólogos!

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18 noviembre 2009

Culo roto III

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La violencia tiene un precio

Durante el resto de la clase por el oído derecho sólo oía un pitido, pero mientras estuve de pie no noté nada más.
El problema apareció cuando traté de sentarme: no podía. Ni agacharme. Ni tumbarme.
Llegé a casa arrastrándome y le conté mi desgracia a ZaraJota™:
-Hemos hecho el trenecito y me he roto el culo.
-Pues espero que no lo cuentes por internet, que no quiero pensar en las burradas que puede llegar a decir Necio Hutopo sobre el asunto.
-En serio, que me he hecho mucha pupita.
-A ver, enséñamelo... Yo lo veo igual: grande, blanco, blando, celulí...
-¡¡¡Que me duele!!!
-Está bien, vamos al médico.
-¿Me llevas en brazos?
-En brazos no, pero si quieres te arrastro de un pie.
-Paso.
Nos fuimos al médico. Mi médico mola mucho porque es sirio y trascendental.
-¿Qué te ha pasado? -me preguntó cuando me vio arrastrarme por la consulta.
-Me he caído patinando.
-¿De nalgas?
-No, de culo.
-¡JA, JA, JA! ¿De verdad?
-Que sí.
Entonces se giró a ZaraJota™.
-¿Y tú lo viste? ¿Cómo fue?
-No, yo no estaba.
-¡Qué lástima, seguro que fue divertidísimo, ja, ja, ja!
-¡Sí, tuvo que ser divertidísimo verla, ja, ja, ja!
-¡Eh, un respeto! ¡Que he podido quedarme culopléjica!
-No, claro que no. A ver, Lorz, agáchate. Levántate. Levanta un patita. Levanta la otra. Haz el pino-puente... No, no tienes nada roto.
-¿No?
-Te podías haber roto el coxis, pero la grasa te ha acolchado y ha impedido que se dañara el hueso. ¡Es una suerte que estés tan gorda!
Lo que me faltaba.

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15 noviembre 2009

Culo roto II

En capítulos anteriores...
Blancanieves sí que sabía cómo montar.

Descartada la idea del triciclo, me puse a pensar en otros medios de transporte, como las cabras, pero también tuve que renunciar porque ZaraJota™ se negó a meter más animales en casa. Bueno, en realidad dijo "bichos estúpidos", y que con dos tenía bastante. Creo que se pasó un poco porque Arale-Chan está gorda, pero no tanto como para contar por dos.
Al final me acordé de que todavía tenía por casa mis patines, y se me ocurrió que estaría bien volver a patinar.
Las experiencias anteriores (esta y esta) habían demostrado que aprender por mi cuenta era a) poco productivo y b) extremadamente doloroso, así que decidí apuntarme para recibir clases.
Los primeros días fueron bastante bien:
- Me desplazaba, sí, pero en horizontal, no en vertical.
- Me caía, sí, pero seguía las instrucciones para aterrizar y no me hacía daño.
- Me dolía el cuerpo, sí, pero era más por las agujetas que por los golpes. A veces las agujetas ni siquiera eran por patinar: después de clase he tenido hasta agujetas en la tripa de tanto reirme.
Empezaba a penser que mi gen mutante, el superpoder para autolesionarme incluso haciendo las actividades más inofensivas, había desaparecido, cuando un día regresó en todo su esplendor.
Estábamos haciendo un ejercicio que consistía en hacer el trenecito.
No, no uno de esos trenecitos, sino dos personas en fila, cogidas por la cintura, patinando.
Yo iba delante, y era el elemento tractor, remolcaba al de detrás, que cuando cogiéramos velocidad tenía que hacer una pirueta, no recuerdo cual.
Algo debió salir mal, porque la persona que llevaba detrás en lugar de hacer la pirueta se cayó de morros, arrastrándome a mí, que caí de culo.
Pupaaaaaaaaaaa...
Los otros compañeros reaccionaron rápidamente: uno se lanzó al rescate... pero como todavía no teníamos mucha pericia se resbaló a su vez, empezó a aleterar como un loco y en lugar de rescatarme lo que hizo fue darme una bofetada. Así, con to lo gordo, y las protecciones de plástico puestas.
El monitor vino corriendo ayudarnos. Primero se aseguró de que estábamos bien, y después se volvió a la persona que me había arreado.
-No puedes pegar a los compañeros -le dijo-. ¡Eso hay que pagarlo aparte!

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10 noviembre 2009

Culo roto I

Después de un año y unas cien clases prácticas he empezado a pensar que lo mismo esto del carnet de conducir no es lo mío.
Se lo dije a ZaraJota™ y me contestó que si empezara a dejar todo lo que "no es lo mío" lo único que podría hacer sería pasarme el día en la cama bebiendo colacao.
Jo, no hay nadie como ZaraJota™ para animar a la gente.
Después de eso me sentí mucho mejor y decidí retomar las clases de la autoescuela, pero poco a poco. No sé, quizá me he precipitado al empezar así de pronto con el coche, a lo mejor debería empezar con un vehículo más pequeño, más sencillo, algo adaptado a mis facultades mentales...
Como un triciclo, por ejemplo.
-ZaraJota™ -le dije-, he pensado que la mejor forma de sacarme el carnet de conducir es comprarme un triciclo.
-Como soborno para el examinador me parece un poco cutre.
-¡Que no, que es para mí! ¡Para ir aprendiendo poco a poco!
-Lorz -dijo con su tono de "no me pagan suficiente"-, no vas a encontrar ningún triciclo que te valga.
-¿No?
-Los triciclos son para bebés.
-Todo el mundo dice que aparento menos edad.
-Da igual la edad que aparentes, lo que tendrías que aparentar es pesar doce kilos.
-¡Peso doce kilos! ¡Unas siete veces! ¡Me compro siete triciclos y ya está!
-¿Y como vas a montar, tumbada sobre los siete triciclos como Blancanieves en las camitas de los enanitos?
Ya está otra vez leyéndome el pensamiento sin permiso.

continuará...

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04 noviembre 2009

El sandwich

Normalmente cuando viajo por trabajo llego tan tarde al hotel que lo que hago es derrumbarme en la cama y llamar por teléfono a recepción para suplicar que me suban comida.
Por favoooooooooooor...
Una noche llegué a la habitación, me miré al espejo y me dije:
-El exteriooooooor, quiero formaaaaaaar, parte de éeeeeeeeeeeeeeel.
-Ves demasiadas películas de dibujos -me regañé.
-Esta semana sólo he visto tres -me contesté rápidamente.
-Pero Kung Fu Panda la has visto seis veces.
-¿Es que siempre tengo que tener la última palabra?
-¿Es que siempre tengo que ser tan repipi?
-¡¡¡SE ACABÓ!!! ¡¡¡SAL A LA CALLE!!! ¡¡¡TE ESTÁS VOLVIENDO LOCA!!!
-No es cierto.
-¡¡¡LLEVAS UN RATO DISCUTIENDO SOLA!!!
-Jo. Bueno. Vale.
-Que tengo hambre, leche..
Y me fui a cenar al exterior.
Como había perdido mucho tiempo discutiendo conmigo misma se me había hecho tarde y tenía bastante hambre, así que me metí en el primer sitio que vi.
Primer error.
Me senté y esperé...
esperé...
esperé...
como una media hora más o menos.
Esa noche sólo había una camarera, el local estaba lleno hasta arriba, y aunque yo tenía mucha hambre decidí darle una oportunidad y seguir esperando.
Segundo error.
Finalmente la camarera se acercó a mi mesa y me preguntó qué quería cenar. Dadas las circunstancias decidí pedir algo sencillo y que no tardara mucho: un sandwich.
Tercer error.
Desde mi mesa vi como la camarera se acercaba a la cocina y gritaba:
-¡¡¡Un sandwich vegetal para la mesa tres!!!
Paso un rato laaaaaaaaargo... laaaaaaaaaaaaaaaaaaargo... y cuando ya creía que el cocinero se había ido a recolectar las verduras personalmente hizo su aparición por la puerta de la cocina y llamó a la camarera. Cuando se acercó el cocinero le preguntó algo, pero no entendí nada porque hablaba en extranjero.
-Un sandwich -repitió la cocinera.
-Saaaaand-wich.
-Eso. Vegetal.
-¿Beguetal?
-Vegetal. Con verdura.
-Verdura.
-Entre pan.
-¿...?
-¡¡¡ENTRE PAAAAAAAAN!!! -berreó la camadera batiendo palmas para demostras cómo tenía el pan.
Para entonces yo empezaba a sospechar que:
1.- Era el primer día del cocinero.
2.-El cocinero no hablaba ni una palabra de castellano... ni probablemente tampoco de otro idioma reconocido como lengua oficial en la Unión Europea.
La camarera le dijo que esperara en el lenguaje universal de los gestos, fue a la barra por una carta, se la llevó al cocinero y le señaló una foto.
-¡¡¡SANDWICH!!! ¡¡¡VEGETAL!!!
-Bien, bien.
Parecía que la cosa estaba de nuevo en marcha y que pronto tendría mi cena, sólo tenía que esperar un poco más.
Cuarto error.
Una hora más tarde la camarera se acercó con el sandwich.
Mejor dicho: se acercó con el sandwich más perfecto y maravilloso del mundo. Tenía un montón de pisos, estaba relleno con un montón de cosas y olía de maravilla. Era lo nunca visto: era idéntico al sandwich de la foto de la carta.
No era un sandwich vegetal, es cierto, pero tampoco se puede tener todo en esta vida.
Como estaba muerta de hambre decidí no protestar y comérmelo de todas formas.
Ya lo había cortado e iba a meterme un trozo en la boca cuando volvió a acercarse la camarera.
-Señorita...
El pánico se apoderó de mí. ¿Iría a quitarme mi sandwich?
-Le ruego que me disculpe...
¿Iría a disculparse por tardar más de una hora en traer mi cena?
-¡Se me ha olvidado traer la mostaza!
Estoooo... ¿en qué parte de un sandwich mixto hay que echar la mostaza?

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30 octubre 2009

Halloween 2009

Una mañana, la vieja y malvada bruja decidió salir a dar un paseo.
Hacía un día estupendo: el cielo estaba oscurecido por negras nubes de tormenta, de las que escapaban rayos como arañas de luz. La lluvia caía como una cortina, pero el viento, que soplaba con fuerza, la hacía moverse en todas direcciones, haciendo inútil cualquier intento de cubrirse con un paraguas, y el frío era tan intenso que se metía en los huesos y no salía de allí durante días.
La vieja y malvada bruja estaba encantada.
Se puso su mejor par de botas, que sólo tenían un agujero en la suela de la bota izquierda, el vestido negro, cuya cola irregular arrastraba un par de metros por el suelo, y se dejó el pelo suelto, para que al salir al exterior se cargara de electricidad estática y se levantara en todas direcciones. Sonriendo, tomó su sendero favorito para los días de lluvia, una zona arenosa, cubierta de malezas, que en días como este se convertía en un pequeño pantano.
Cuando había avanzado por el fango durante casi media hora, y el ruedo de su vestido estaba cubierto de lodo hasta la altura de las rodillas, la bruja oyó una voz:
-¡Hermosa doncella! -decía la voz- ¡ayudadme!
La bruja miró a su alrededor. Había pensado cenar su otro par de botas, pero si había una doncella cerca podía dejar el par de botas para otro día. Sin embargo, por más que miró, no vio nada.
-¡Hermosa doncella! -repitió la voz-. ¡Si vos! ¡La que sois verde!
La bruja volvió a mirar a su alrededor, pero ni rastro de doncellas. Lo que si vio fue un escarabajo pelotero, del tamaño de un plato de café, que le miraba con insistencia. La bruja se relamió; no es que fuera tan sabroso como la doncella, pero a la plancha con unas patatas rancias y unas zanahorias con pelusa seguro que sabía bien.
-¡Dejad de mirarme como una alelada, joder!
-¡Un escarabajo que habla!
La bruja estaba muy decepcionada. Todo el mundo sabe que no se debe intentar comer a los animales que hablan: ¡hablan y hablan hasta que están bien cocidos! Los peores son los unicornios. Menudos plastas.
-No soy un escarabajo -dijo el escarabajo, y suspiró-. Soy un príncipe encantado.
La bruja volvió a sonreír. Un escarabajo que habla es una cosa. Un príncipe que habla es un manjar delicioso, especialmente si lo que dice es inteligente.
-Eh... no sé si alguien te lo ha dicho, pero para ser un príncipe te pareces bastante a un escarabajo pelotero.
-Lo sé -dijo el escarabajo, y suspiró otra vez. A la bruja empezó a preocuparle que fuera asmático-. Fui hechizado.
-¿En serio? Había oído que se podía hacer... no es que me haya colado en casa de la bruja que vive en el bosque de al lado y la haya estado espiando escondida en un armario, ¿eh? Yo no haría eso. ¡No ha podido demostrarse nada! Pero siempre he tenido curiosidad por saber cómo se hace.
-Fue con una terrible pócima.
-Eh... ¿y no tendrás la receta, por casualidad?
-Amable doncella, ojalá fuera así, pues podría fabricar el antídoto.
-¿A quién lagartijas le importa el antídoto?
-Sí, ¿qué importa un antídoto que jamás estará a mi alcance? Pero por suerte hay otra forma de que vuelva a ser príncipe.
-¡Un delicioso príncipe!
-Ejem... querréis decir un apuesto príncipe.
-Lo que sea. Di.
-Si una hermosa doncella me besara o besase dejaría de ser un escarabajo y volvería a ser un príncipe.
-Pues vamos listos. A ver de dónde sacamos una hermosa doncella ahora.
-Oh, cuán modesta y recatada.
-¿Dónde?
-¡Vos misma!
-¿Hermosa?
-Y modesta.
La bruja suspiró. Parece que este no era de los príncipes inteligentes.
-¿Y si en vez de devolverte a tu cuerpo me dices dónde está, y yo voy y lo busco y si eso ya te llamaré?
-No creo que funcione, francamente.
-¿Así que si no te beso…?
-Nunca recuperaré mi cuerpo.
La bruja se decidió rápidamente. A fin de cuentas sólo era un escarabajo, no podía ser tan malo. Si hubiera tenido que besar al apuesto príncipe (puag) habría sido otra cosa. Iba a decirle al escarabajo que bueno, que vale, cuando este le interrumpió.
-Entiendo vuestras dudas, oh hermosa doncella. Mi aspecto no es muy tentador. Pero si me besaras o besases las cosas serían muy diferentes. Mi cuerpo se transformaría en un príncipe tan apuesto que os enamoraríais de mí sin remedio, como yo ya lo estoy de vos. Os llevaría al castillo sobre mi hermoso corcel, y nos casaríamos esta misma tarde, para pasar el resto de nuestras vidas felices y comiendo perdices. ¿Qué me decís, oh hermosa doncella?
-Creo que te estás precipitando.
-No, no. Precipitarme sería si antes de la boda pretendiera conducirte al tálamo nupcial, donde la felicidad conyugal se consumaría gracias a mi entrenado y enorme miembr…
-Vale, vale, no sigas, que me hago una idea.
-Entonces, ¿deseáis compartir conmigo una vida de amor y felicidad? ¿Qué me decís?
-Estooo… ¡¡¡Y UNA MIERDA!!!

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24 octubre 2009

Alta velocidad española

Odio el AVE.
Ya está, ya lo he dicho.
Creo que el origen de mi odio está en que:

1.- Sólo lo uso por motivos de trabajo.

2.- Siempre tengo que coger el primero de la mañana... que sale a las 5:45 a.m.

3.- Da igual la época del año, en el interior del vagón se respeta escrupulosamente la temperatura de los mejores tiempos de la era glaciar.

4.- Las vías no van en línea recta. Si no me crees, intenta ponerte a subrayar apuntes.

5.- El inodoro espacial está más alto que en cualquier otro tren que haya visto. Intentad hacer pis en un inodoro cuya taza os llega a la cintura en un tren que circula a 300 km./h. y que encima no va en línea recta. Eh... mejor llevar ropa de repuesto.

He intentado justificar todas estas cosas:
RENFE no tiene la culpa de que tenga que trabajar, y menos de que tenga que trabajar tan temprano, hace frío para que los viajeros no se mareen, es lógico que haya curvas en un trayecto tan largo, y no es que el inodoro sea alto, es que yo soy un tapón.
Además todo esto carece de importancia, porque cada vez que me monto en cualquier medio de transporte me quedo dormida de forma inevitable y automática... o me quedaría dormida si no fuera por el resto de los usuarios.

No sé cómo lo hacen, pero en cada vagón hay siempre una persona con un móvil cuya batería se está acabando, y que se tira todo el viaje haciendo -pip- cada treinta segundos. Y digo yo, ¿es que no pueden apagar el móvil y acabar con su agonía? ¿Por qué lo dejan pitar durante más de dos horas, si además en la mayor parte del trayecto no hay cobertura y aunque les llamaran no iban a poder hablar?

Luego está el otro pitidito: el del messenger. A esas horas la mayoría de los usuarios son ejecutivos que van a reuniones importantísimas y que van cargando con su portátil. Cualquiera diría que lo van a usar para trabajar, pero entonces empieza a sonar el pitidito (tu-ru-rún) y ya sabes que están en el msn. No sé con quien chatearán a esa horas intempestivas, pero siempre he tenido la sospecha de que hablan entre ellos mismos.

Y para terminar están los que realmente trabajan, y se pasan todo el viaje discutiendo a voz en grito sobre índices, porcentajes de beneficio y técnicas proactivas, sea lo que sea eso.

Cuando ya creía que la cosa no podía ir a peor, un día me tocó coger el tren a una hora normal.
En ese tren había menos ejecutivos, pero había más familias... con niños.
Muchos niños.

Al principio pensé que el viaje iba a ser un infierno de gritos, pero la madre de los críos venía preparada: había traido un portátil, y nada más arrancar el tren les dijo a los niños que les iba a poner una película: gracias a eso los niños estuvieron en éxtasis durante una hora y media.
El problema es que a la madre no se le había ocurrido traer también auriculares, así que el resto del vagón también estuvo en éxtasis durante una hora y media... con el ritmo trepidante, el guión ágil y la fabulosa banda sonora de, ejem, Barbie en la Princesa de los animales.
Yujuuuuu...
No os voy a contar de que va para no destrozaros el argumento, sólo os voy a decir que es como una película Disney protagonizada por Sims.
Después de una hora y media de tort... diversión sin límites, la película acabó.
-Mamá, la película se ha acabado -dijo uno de los críos.
En el vagón se mascaba la tensión: ¿sería la hora de los gritos y las peleas? Sin embargo la madre se guardaba un as en la manda.
-¿Por qué no miras los juegos del dvd?
¡Eso, eso, juega con los juegos del dvd!, pensé. Seguro que tiene cosas apasionantes como buscar las diferencias, colorear a los personajes y otras cosas así, inofensivas.
Lo siguiente que oimos fue:
-Has elegido jugar a canta con nosotros. Elige la canción que quieres cantar. Has elegido"cantar todas las canciones".
La cagamos.

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